domingo, 25 de enero de 2009

Roberto Carlos





Hoy, de nuevo, me he preguntado por qué es tan difícil olvidar. Han regresado a mi mente imágenes de mis días de bachillerato. Esa sensación de rivalidad entre cada estudiante, todos luchando por obtener un lugar en el cuadro de honor. Recuerdo a cada maestro, todos con sus cualidades y defectos, pero hay una persona en particular que no sale de mi memoria, Roberto Carlos.

Fui de la promoción 2007: “los politécnicos”, así nos solían llamar. Nunca fui de las alumnas que faltaban a clases, pero por motivos de salud no asistí a la primer semana del año lectivo. El Colegio Inmaculada Concepción abrió mis puertas al futuro. Espero no sonar egocéntrica, pero siempre destaqué por mis buenas calificaciones. Eso causó que 21 de 24 alumnos me odiaran, eso sin contar que era hija de la Prof. de lenguaje y literatura. Así que era requisito previo que todos me odiaran.

Para marzo ya era la persona más odiada del 2º año. Los maestro se hacían los desentendidos Mi situación era difícil. Estaba a punto de quebrantarme, pero algo sucedió: la única persona que confió en mí, que fue capaz de darme la fuerza suficiente para seguir. Un hombre de 36 años, alto, trigueño, muy simpático; cómo olvidar a quien me apoyó incondicionalmente: R.C (el profesor de ciencias). Después de algunos meses aún recuerdo sus palabras: “yo confío en ti”, “no dejes que nadie te dañe”, “Vane, tú pedes”. Él logró terminar de forjar mi carácter para que yo no permitiera que nadie me pisoteara.

El recuerdo que con más nitidez viene a mi mente es el día que públicamente dijo “las preguntas de los exámenes las sacaré del cuaderno de la Vane”. Jamás olvidaré lo rico de esa sensación de triunfo y aún más cuando publicó que era la única estudiante exonerada de los finales. La bonita amistad que se había formado con Roberto Carlos provocó que me aplicaran en muchas ocasiones la ley del hielo ¡Ja! Eso nunca me importó.
Al final, él fue un gran impacto en mi vida estudiantil. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hizo por mí. Mi amigo, Profesor R.C. a ti te debo todo lo que he logrado. Gracias por existir.


Eran las 12:15 cuando el teléfono sonó en la oscuridad de la sala. Mi madre se levantó para contestar, no sé exactamente las palabras que usaron para darle esa noticia, ni siquiera se quien fue el que llamó; lo único que recuerdo es que mi mamá comenzó a llorar.

El 26 de junio de 1995 marcó la vida de mi familia. La llamada misteriosa en la madrugada fue para avisar que mi padre había fallecido. Era necesario que mamá fuera a Medicina Legal para reconocerlo. No puedo imaginar el dolor que sintió al ver el cuerpo inerte de quien había sido el amor de su vida.

Los años pasaron, y el recuerdo de mi padre comenzaba a desvanecerse. Cuando tuve un poco más de edad pregunté: “¿por qué le dispararon?” “¿por qué lo mataron?”,y nadie me contestó. Siempre tuve curiosidad por el misterio que encerraba la muerte de papá. Al cumplir 12 años, tuve el coraje necesario para enfrentar a mi mamá y exigir la verdad de quien me había engendrado.

Fue muy triste saber que Mario Lemus (mi padre) había sido un narcotraficante, coyote y además era el dueño de una casa de citas que estaba ubicada en la colonia General Arce; esa había sido la pequeña razón por la que mi madre se separó de él, eso sin contar que la engañó un sinfín de veces.

Hoy comprendo porqué mi madre no permitió que la familia Lemus tuviera contacto conmigo, simplemente lo hizo por mí, para protegerme de ellos. Porque a mi padre lo mataron en un ajuste de cuentas mi propio abuelo había dado la orden para que le quitaran la vida, todo por la ambición, por quedarse con los negocios y las propiedades. El dinero que había de por medio era suficiente motivo para eliminar a su esposa e hijos de este mundo. La vida te sorprende y más cuando estas a punto de morir por los errores de tu padre.

1. Trata a los demás como quieras que te traten
2. Trata de no discutir, solamente de opinar
3. Trata de estar dispuesto siempre a sonreír
4. La vida es del color que tú la pintas
5. Piensa bien antes de hablar
6. Vive y deja vivir
7. Da tu opinión solo si te la piden
8. No dejes jamás estudiar para más tarde
9. Disfruta todo lo que puedas de una relación, porque esta jamás será eterna
10. No te arrepientas de nada, solo recuerda los buenos momentos
Estos son sencillos tips para mejorar nuestros días, siempre hay que recordar que “si la vida te da la espalda, agárrale las nalgas”



EL MISTERIO DE LA CALLE 13

Lo primero que hizo Luís luego de que su celular se descargara en mitad de una charla con su novia fue observar su reloj sin despegar el pie del acelerador mientras la memoria le ayudaba a recordar dónde había dejado el CD favorito, el cual lo acompañaba en cada viaje largo. Buscó en la guantera, debajo de su asiento, se impacientó y luego, resignado, sometió a sus oídos a la primera radio que sintonizó. Meneó la cabeza, bostezó, en fin, hizo muchas cosas excepto mantenerse despierto los segundos en los cuales el carro se apartó de la ruta y fue a estrellarse contra un viejo árbol al lado del camino.

Logró pisar el freno antes del impacto; eso evitó que Luís quedara hecho pedazos, pero no logró evitar que el auto se destrozara. Todo pasó muy rápido. Luìs, sorprendido, solo se tocó el cuerpo para probar que todo estaba en su lugar. En ese momento sonrió con sus pálidos labios; su corazón no paraba de latir.

Jamas se lamentó tanto por no tener cargado el celular; salió del auto y se sentó cerca de un árbol; no sabia que el golpe era grave. Miró a su alrededor, el silencio del bosque, mezclado con la nada y la luna llena, provocaron el miedo. Pasó horas mirando la ruta, ni la lluvia fue capaz de levantarlo de su terrorífico lugar.

En la temible madrugada observaba su alrededor como queriendo encontrar algo que no sabía bien si existía; se puso, en pie y caminó con pasos largos entre los árboles guiado por una pequeña luz que crecía a medida que el iba avanzando. Llegó hasta una casa de fachada pobre. Sobre el marco de una ventana colgaba una lámpara rodeada por insectos. La puerta estaba entreabierta y caminó hacia ella sin advertir el peligro que podía representar para él, pues era un extraño acercándose a la casa en medio de la madrugada. Se detuvo de un susto al observar un sujeto parado dentro de la casa con un cigarro encendido entre los labios. El tipo, de aspecto diabólico, se acercó a la entrada, despacio, sin salir de su refugio para luego voltear y echar una mirada a sus espaldas. Tranquilamente se apartó de la vista de Luís, sin notar la presencia del desesperado joven, dejando la puerta entreabierta y el humo de su cigarro perdido en el aire.

-¡Hola, hola! –gritaba el joven accidentado. Antes de intentar darle un golpe suave a la puerta, esta se abrió del todo y un hombre le apuntó en medio de los ojos con una ballesta.Nadie le preguntó absolutamente nada, pero Luís empezó a largar palabras, las cuales repitió más de tres veces como la frase “accidente en la carretera, necesito un teléfono”.-¡Un accidente… carretera!
–dijo el hombre con una sonrisa siniestra en los labios, el hombre bajó el arma y pregunto: ¿qué carretera?

Luís no sabía siquiera dónde estaba porque era la primera vez que visitaba el pueblo y solo se guiaba por mapas e indicaciones que le habían dado algunos amigos.

-No…no sé. La ruta… la ruta. Viajaba directo al pueblo de Transilvana cuando choqué. Estoy a uno o dos días para llegar. El hombre dijo sí con la cabeza.

–La ruta trece amigo …es la ruta trece. No era el mismo sujeto que Luís había contemplado con el cigarrillo en boca. Este era un poco mas bajo y más viejo, o por lo menos a simple vista daba esa impresión.

-Mire –exclamó el hombre -teléfono no tengo. Lo mejor que puede hacer es volver a la ruta y esperar a que empiece a cantar el gallo, seguro alguien va a pasar por ahí. Mientras, cuide lo que tenga de valor en el coche, mire que por acá…

-Esta vez Luís asintió con la cabeza y el sujeto bonachón se ofreció a acompañarlo, la ballesta no se fue con ellos pero sí los acompaño la oscuridad. En el camino, aquel hombre tranquilizó al joven buscando el lado positivo de lo sucedido. Los ojos de Luís echaban miradas entre los árboles buscando alguna amenaza y no tardaron en toparse con algo parecido; alguien siguiendo sus pasos, escondiéndose entre los árboles para no ser visto, aunque no lo había conseguido.

-¿Hay alguien más con usted? –preguntó el muchacho dirigiéndose al hombre.

-Vivo con mi hermana –repuso sin despegar la vista del camino.

-Creo que la vi antes de toparme con usted -dijo Luís.

-A mi hermana le fascinan dos cosas, una es andar por ahí dando vueltas en la noche y la otras es recoger las almas. Yo la dejo; antes me molestaba porque robaba las almas que yo me iba a llevar; ahora hemos llegado a luchar por cada uno de los espíritus para ver quién es el que gana; es ella o yo.

La ruta apareció desolada tal y como Luís la había dejado, al igual que el auto destrozado por el impacto El cielo aún estaba muy oscuro y la luna había desaparecido por la lluvia que caía sobre ellos. Al joven le temblaban las piernas mientras que el hombre en su andar relajado inspeccionaba el coche. El joven advirtió nuevamente la presencia de la extraña entre los árboles.

El hombre seguía pegado al auto, sin decir palabra alguna. Luís decidió romper con el silencio.-Me parece que su hermana quiere acompañarnos, dijo.

-El hombre lo miró y luego regresó la vista al vehículo.

-Eso quisiera ella –dijo con un tono de voz sereno.

-No, es en serio –continuó el joven –Anda acá cerca, entre los árboles.
Nuevamente el tipo lo miró, pero esta vez no le sacó los ojos de encima.

-Si ella está acá, usted puede despedirse de la vida amigo.

Luís no comprendió. -¿Qué quiere decir?- Hay dos cosas que le gustan a mi hermana- dijo el hombre- merodear por el bosque y matar. El joven no pudo formar palabra alguna, solo se limitó a temblar y agrandar sus ojos mientras aquel hombre continuaba hablando.
–Sí, amigo, ella vendió su alma al señor de las tinieblas y bue… así son las cosas.

-Todo se oscureció, el hombre aumentó en tamaño y dejó salir sus magníficas alas. Aquel buen hombre avejentado había sido asesinado por su hermana, convirtiéndolo en el ángel de las carreteras. Si Luís hubiese logrado salir con vida de todo eso, nunca hubiese podido borrar de su mente la expresión de odio de aquellos hermanos que pelearon por llevarse su alma. Luís quiso correr, pero el bosque no lo dejó, se convertiría en una alma que vagaría por la eternidad, desde aquel trágico accidente en la carretera 13.