viernes, 20 de febrero de 2009

Quejas de un confidente


¡Que agotamiento! Jamás me dejas descansar. Ya han pasado dos días desde que me cargaron. ¿Qué acaso olvidaste quien soy? Mi batería en la parte superior derecha te indica que estoy descargado. ¡Ya era hora… Vane! Por fin me conectaste a mi cargador.

Por la noche me enfrento a la oscuridad, allí me doy cuenta que el cielo no es mas que una copia de tu alma, y que ves las cosas como crees que son.


¡Mensaje…! ¿Qué pasa…? ¿Tan temprano…? No lo puedo creer, es sábado y son las 7:30 ¿Quién es el malvado que te escribe tan de madrugada y se atreve a despertarme? Claro, ya lo sabía… tenía que ser él… al que llamas baby… Ya me tienen aturdido; sí ya te observé, si mi melodía suena corres a contestar. Tú me necesitas, soy indispensable para tì, además, el resto de tus pertenencias me envidian al observar como me mimas. Acéptalo, yo soy tú consentido; si hasta duermo contigo.


Ya han pasado las horas y yo sigo encerrado en tu cartera. ¿Qué estas haciendo…? Veo la luz, tus suaves manos se aproximan para tomarme… Haaa!!! Es hora de hablar; marcas mis números con cuidado para no dañarme, esperas poco tiempo a que te contesten, y le das rienda suelta al habla. Después de cada llamada o mensaje me doy cuenta de lo que sientes.


Soy tu confidente. He vivido junto a tì la dificultad de tus verdades. Eso sin mencionar las palabras que te entregaron las sonrisas…


Ahora te veo en la distancia recorrida. Tú no eres mi dueña, eres el catalizador exacto de mi vida, la batería nuclear que da energía al viaje de mi existencia.



A quien la encuentre:

Es un viernes por la noche y he tomado la decisión de acabar con este sufrimiento. Sé perfectamente que le causaré mucho dolor a mi madre y talvez a mi mejor amiga, pero no puedo continuar fingiendo que no pasa nada y que mi vida es color de rosa. Si algo tengo claro a mis 19 años es que esta acción es un pecado, pero no puedo dar marcha atrás.

Mamà: Sé que estás llorando amargamente mi adiós, no puedo pedirte que no lo hagas, quiero que sepas que te amo siempre fuiste mi amiga. Te preguntas por qué lo hice, por qué no hablé contigo; pero simplemente no podía. Mi corazón estaba desgarrado, todo había perdido el sentido. Cada mañana al despertar me preguntaba si de verdad existe un Dios y si es así, por qué permitió que mi vida tomara este rumbo tan lleno de obstáculos. Mamita, perdoname la decepción que me causó Marcus al terminar con nuestra relación fue muy grande, mi vida giraba a su alrededor y simplemente murieron mis ganas de vivir. Perdoname por causarte todo este dolor, mamà te amo.

Amiga: tú siempre estuviste a mi lado en las buenas y en las malas, pero en este momento no pude acudir a ti porque ya no podías hacer nada por mí. Lo siento, amiga, solo deseo lo mejor para ti y olvida que me conociste. Te quiero, chao para siempre.

Bebé: a ti te dedico mis últimas palabras, sè que ya no querías saber nada de mí y eso me dolió; es la razón por la que he tomado esta decisión. Tú acabaste con mis sentimientos; ahora, yo termino el trabajo que tú dejaste incompleto. Te amo y así será siempre, no quiero interferir en tu vida; así que hoy viernes a las 10:00 pm ingerí un veneno letal, ya comenzó a hacer efecto, en cuestión de minutos moriré. Lo único que lamento es no haber probado tus dulces besos por última vez, esa linda sensación del contacto de tus labios con los míos; hermoso, simplemente hermoso.

Ya estoy muriendo, no sé si algún día te permitirán leer esto, pero en mi último aliento he dicho: “te amo”
martes, 10 de febrero de 2009

Siempre estarè contigo



Siempre fuiste mi niño,


siempre estuve contigo.


incluso en el instante literal


de algunos siempre agobiados


que te congelaron la mirada,


o cuando tu última luna de oro


me pidió cabalgar el corcel


de tu primer suspiro enamorado.


Siempre estaré contigo,


siempre serás mi niño…


No temas a la oscuridad

ni te desanimes por la lentitud del alba:

los días y las noches

también suelen entregarnos

ramilletes de esperanza

y toneladas de valor.


Por eso no mezcles tus lágrimas

con el llanto de la tormenta.

ni desprecies

la piel desnuda del verano,

ni te asustes con los colmillos helados

del invierno:

apenas son fenómenos naturales

que ayudan a templar nuestro carácter.

Ten siempre presente:

en el invierno enjuga en tu conciencia

el más calido de los veranos,

y el verano refréscate

con tus tormentas interiores.

Muchas cosas están en ti,

como el polen en la rosa,

la miel en el panal,

o la música en el viento.

Sólo es cuestión de buscar,

de encontrar entre tus venas

la saviazul de tus ilusiones.



Por la noche enfrèntate a la oscuridad.

Dale la cara.

Estrèchale la mano.

Considera que cada tramo de penumbra

te aproxima a un manantial resplandeciente,

y que cada rayo de luz

surge como mariposa traviesa

de la crisálida transparente de la niebla.

Aun así manténte ecuánime.

Evita llorar en medio de la oscuridad:

las lágrimas te impedirían ver

la bondadosa sonrisa de las estrellas.



Y por nada del mundo

dejes de amar el firmamento

¡Abrázalo!

¡Mímalo!

¡Acarícialo!

¡Utiliza tu escalera interior

y sube hasta el terciopelo de las nubes!



Allí te darás cuenta

que el cielo

no es más que una copia de tu alma,

y que ves las cosas

como tú crees que son.

Al amanecer no te lamentes

por la lentitud con que sale el sol.

Alégrate de que la naturaleza

te dé la oportunidad

de ser especial en ese instante ,

porque en tanto la sonrisa del astro

ilumina tu piel

tú ya has iluminado con tus ojos

el candente espíritu del sol.



Además,

hay otra razón no menos importante:

a veces el tiempo prolonga su mirada

para bañarse en el manantial de la eternidad.



Quédate con ella.

Aférrate a sus bordes y tómale las ramas.

Fíjate a sus raíces,

y bebe su esencias con la misma sed

que el nómada bebe la esperaza del oasis.

Deja que la porción de tiempo

nazca cuando muera,

y vive tú como ella viviría.



Acepta con humildad la ordalía cotidiana

y supera cada obstáculo

como si fuera el último en tu vida.


Recuerda siempre

-en la resplandeciente intimidad

De tus paradojas humanas-

que sólo los espíritus eternos

tienen derecho a pisar

las mismas huellas de Dios.




¡Marica, no te me acerques!, ¡Lo gay se pasa!, ¡Protejan a los niños, los pueden contagiar! Por increíble que parezca hay personas que padecen de homofobia, irónicamente se instala dentro de la misma comunidad gay. El rechazo no es explícito ni está encaminado directamente a la discriminación, pero sí al rechazo de estereotipos, conductas y hasta formas de pensar.
De acuerdo con la Real Academia Española, discriminar es dar un trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos y sexuales. La homofobia es, efectivamente, un tipo de discriminación que se deriva de las actitudes que una persona tiene con respecto a una orientación sexual que no es la heterosexual.

Todo ser humano tiene derecho de explorar su sexualidad. En la actualidad, no es algo que pueda presentarse abiertamente en la calle o en algún otro espacio público, particularmente en nuestro país, donde la homosexualidad se ha convertido en algo “políticamente incorrecto”, y despierta la desaprobación y rechazo de la iglesia y de quienes se rigen por las buenas costumbres y lo tradicional.


No entiendo ni comparto que en nuestra sociedad se discrimine a una persona por su preferencia sexual. Los homosexuales, lesbianas y travestis tienen los mismos derechos como salvadoreños. En nuestro país, 7 de cada 10 personas no toleran a los gay. Los homosexuales sufren un maltrato físico y psicológico de parte de nuestra sociedad machista. Todos debemos expresar nuestra sexualidad libremente, siempre y cuando, no dañemos la integridad moral.


Los medios de comunicación influyen en crear una mala imagen de los homosexuales. En las películas, programas radiales y en series de televisión se nos muestra un estereotipo de la comunidad gay.


La experiencia de Mónica Taher, directora del Programa para la Gente de Color del grupo Gay & Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD) de los Estados Unidos y cuya misión es vigilar y asegurar que la representación de la comunidad gay no sea violentada, es una claro ejemplo del maltrato y discriminación que sufren los homosexuales.


Mónica cuenta que por el hecho de ser lesbiana, padeció muchísima discriminación durante su juventud en El Salvador. Pero describe que los actos contra ella no fueron su primera experiencia personal a la homofobia. Ella recuerda que había oído términos ofensivos por la radio y la televisión, y que creció teniendo dificultad con su orientación sexual viendo la manera sensacionalista en que los medios demonizaba la gente


En muchos países de América Latina, la comunidad gay ha vivido experiencias semejantes. El uso de palabras ofensivas para referirse a las personas homosexuales siguen siendo expresadas y aceptadas dentro de la vida cotidiana, inclusive en la televisión y el cine.


Todos tenemos el derecho de elegir nuestras preferencias sexuales, debemos aceptar a los demás tal como son; porque la homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí.


Por las calles de San Salvador pasea una chica aparentemente normal. A ella le gusta que la miren. Mientras avanza, se da cuenta de que todos la observan como si ella fuera una cosa rara. Jenny se pregunta: ¿qué es lo que sucede?, mientras una señora vieja, arrugada y pequeña grita: “Auxilio, delincuente”. La joven se dirige a la señora y le pregunta: ¿delincuente yo? La anciana, indignada, le responde: “Su ceja… tiene un arito en la ceja; eso es solo de delincuentes”.

Puede afirmarse que en El Salvador las perforaciones o piercings no son del todo aceptadas. Se considera que los jóvenes que los portan son delincuente o inadaptados; para los adolescentes es una forma de embellecer el cuerpo, así como lo son los implantes de seno o la liposucción. La colocación de los piercings ha ido creciendo al mismo nivel que las tribus urbanas como los emos, punk y los roqueros. Según la asociación de tatuadores, más de 1000 jóvenes de 13 a 20 años se perforan la nariz, lengua, labios y cejas cada día.

Las primeras perforaciones datan del año 709 a de C, probablemente los primeros en perforarse, fueron los mayas.

Los piercings han tenido tal impacto que jugadores de fútbol, basketball, artistas, cantantes y adolescentes lucen sus distintas perforaciones. Jóvenes como Matt Robinsón (el último en entrar al libro Guiness), han llegado a tener1016 piercings.

Después de todo, las perforaciones son una moda nada más, aceptada o rechazada por la sociedad. Los jóvenes seguirán utilizando pequeños aros o pendientes que portan con orgullo y cierta rebeldía.

Si cada joven que porte una perforación en cualquier parte de su cuerpo es visto como delincuente, ¿por qué no criticamos a los pop estar? Ellos, tienen el derecho de provocar controversia, entonces, los jóvenes que están perforados ¿qué son? rebeldes, delincuentes, pop estar o simplemente se expresan con este accesorio.




“No comprendo lo que sucede (…)¿qué pasa mamá ?(…) alguien contésteme(…) ¿por qué todo el mundo llora?(…)¿Qué ocurre? ¿Por qué hay una ambulancia afuera de la casa? ¿murió? ¿todo está bien? ¿Por qué no me dejan pasar?(…) Pedro Luis está aquí.
¡Mamá! ¿Estás bien? Seño Denia, ¿por qué mamá no me contesta? todos están ahí, ¿por qué todos lloran? ¿qué pasa? ¡no lo puedo creer! ¡nooo! Eso no es posible, pero anoche ella estaba bien, no me digan que no llore, no me toquen, no me importa, quiero verla.(…)

24-10-00
Las palabras van y vienen, el recuerdo de ese día me atormenta, aún no supero lo que sucedió en mi casa. Han pasado nueve años y aún siento que todo fue ayer; por las noches el recuerdo de su rostro dormido viene a mi mente. Todo sucedió el 24 de octubre de 2000, regresaba del colegio cuando vi un movimiento inusual en mi hogar, era demasiado temprano para que mamá estuviera allí; además qué hacía Denia (la mejor amiga de mi mamá ) en la antesala; intenté entrar pero no me lo permitieron. Me quité los patines, los tirè en algún lado, entré y Denia me abrazó, me vio fijamente y dijo: “Sé fuerte… eres el apoyo de tu mamá …”, “…tu abuela está en un lugar mejor”.

Caminé al cuarto de mi abuelita, pedí permiso para entrar, me senté en la cama y contemplé a esa persona que por diez años me cuidó. Tomé su mano, aún estaba tibia, lloré amargamente por no haberle dicho cuánto la quería; en mi mente solo veía el recuerdo de la noche anterior cuando mi abuelita quería darme una nalgada por malcriada y por mi rebeldía estùpida no lo permití; lloré como nunca lo había hecho; a mi corta edad la vida me daba una lección. Con voz quebrada, mi mamá me dijo: “Hija, ya nos vamos a la funeraria”

25-10-00
Pasamos dos noches velando a mi abuelita Toña, esperando por mis dos tíos; igual no pudieron venir. Ya no puedo más, todos estamos cansados. Los alumnos de mi mamá están aquí, los maestros, amigos de mi tía, compañeros de mis primos, en fin, personas que no conocía. “Lo siento mucho”, “comprendo su dolor”, qué frases mas frías… Nadie puede imaginarse lo que nosotros sentimos. Son las 11:30pm y a pesar de que ya tenemos más de 30 horas aquí, la funeraria sigue llena. Necesito dormir, mañana será un día muy largo.

26-10-00

Ya amaneció, todos estamos tristes y cansados, cada quien busca su atuendo negro; quisiéramos no estar en esta situación, llegó el carro fúnebre…todos se han marchado, la misa de cuerpo presente es a las 2:00pm. El ataúd ya no está, todos vamos para la iglesia, la familia se ha separado, unos en un carro, los demás en el bus que se alquiló. La misa ha comenzado, entre lágrimas y plegarias pasa el tiempo, veo a mi alrededor, mi madre está inconsolable, mis primos y mi tía tienen los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, mi hermano trata de no hablar y yo me siento caer en el vacío. Llegamos al cementerio, el ambiente es extraño, mi familia llora sin parar, a mí me duele la cabeza; ya están bajando el ataúd, es el momento más feo que pasamos; todos nos inclinamos a recoger un poco de tierra y una rosa, todos juntos las lanzamos, siendo este el ultimo adiós.

25-01-09

En fin, las cosas han cambiado, ya no tengo a esa viejita que me cuidó por diez años, el vacío es grande, pasamos días de soledad. Todos crecimos, cambiamos y empezamos a olvidar, pero por más que pasen los años el recuerdo de mi abuela vivirá en mi corazón.
domingo, 25 de enero de 2009

Roberto Carlos





Hoy, de nuevo, me he preguntado por qué es tan difícil olvidar. Han regresado a mi mente imágenes de mis días de bachillerato. Esa sensación de rivalidad entre cada estudiante, todos luchando por obtener un lugar en el cuadro de honor. Recuerdo a cada maestro, todos con sus cualidades y defectos, pero hay una persona en particular que no sale de mi memoria, Roberto Carlos.

Fui de la promoción 2007: “los politécnicos”, así nos solían llamar. Nunca fui de las alumnas que faltaban a clases, pero por motivos de salud no asistí a la primer semana del año lectivo. El Colegio Inmaculada Concepción abrió mis puertas al futuro. Espero no sonar egocéntrica, pero siempre destaqué por mis buenas calificaciones. Eso causó que 21 de 24 alumnos me odiaran, eso sin contar que era hija de la Prof. de lenguaje y literatura. Así que era requisito previo que todos me odiaran.

Para marzo ya era la persona más odiada del 2º año. Los maestro se hacían los desentendidos Mi situación era difícil. Estaba a punto de quebrantarme, pero algo sucedió: la única persona que confió en mí, que fue capaz de darme la fuerza suficiente para seguir. Un hombre de 36 años, alto, trigueño, muy simpático; cómo olvidar a quien me apoyó incondicionalmente: R.C (el profesor de ciencias). Después de algunos meses aún recuerdo sus palabras: “yo confío en ti”, “no dejes que nadie te dañe”, “Vane, tú pedes”. Él logró terminar de forjar mi carácter para que yo no permitiera que nadie me pisoteara.

El recuerdo que con más nitidez viene a mi mente es el día que públicamente dijo “las preguntas de los exámenes las sacaré del cuaderno de la Vane”. Jamás olvidaré lo rico de esa sensación de triunfo y aún más cuando publicó que era la única estudiante exonerada de los finales. La bonita amistad que se había formado con Roberto Carlos provocó que me aplicaran en muchas ocasiones la ley del hielo ¡Ja! Eso nunca me importó.
Al final, él fue un gran impacto en mi vida estudiantil. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hizo por mí. Mi amigo, Profesor R.C. a ti te debo todo lo que he logrado. Gracias por existir.


Eran las 12:15 cuando el teléfono sonó en la oscuridad de la sala. Mi madre se levantó para contestar, no sé exactamente las palabras que usaron para darle esa noticia, ni siquiera se quien fue el que llamó; lo único que recuerdo es que mi mamá comenzó a llorar.

El 26 de junio de 1995 marcó la vida de mi familia. La llamada misteriosa en la madrugada fue para avisar que mi padre había fallecido. Era necesario que mamá fuera a Medicina Legal para reconocerlo. No puedo imaginar el dolor que sintió al ver el cuerpo inerte de quien había sido el amor de su vida.

Los años pasaron, y el recuerdo de mi padre comenzaba a desvanecerse. Cuando tuve un poco más de edad pregunté: “¿por qué le dispararon?” “¿por qué lo mataron?”,y nadie me contestó. Siempre tuve curiosidad por el misterio que encerraba la muerte de papá. Al cumplir 12 años, tuve el coraje necesario para enfrentar a mi mamá y exigir la verdad de quien me había engendrado.

Fue muy triste saber que Mario Lemus (mi padre) había sido un narcotraficante, coyote y además era el dueño de una casa de citas que estaba ubicada en la colonia General Arce; esa había sido la pequeña razón por la que mi madre se separó de él, eso sin contar que la engañó un sinfín de veces.

Hoy comprendo porqué mi madre no permitió que la familia Lemus tuviera contacto conmigo, simplemente lo hizo por mí, para protegerme de ellos. Porque a mi padre lo mataron en un ajuste de cuentas mi propio abuelo había dado la orden para que le quitaran la vida, todo por la ambición, por quedarse con los negocios y las propiedades. El dinero que había de por medio era suficiente motivo para eliminar a su esposa e hijos de este mundo. La vida te sorprende y más cuando estas a punto de morir por los errores de tu padre.

1. Trata a los demás como quieras que te traten
2. Trata de no discutir, solamente de opinar
3. Trata de estar dispuesto siempre a sonreír
4. La vida es del color que tú la pintas
5. Piensa bien antes de hablar
6. Vive y deja vivir
7. Da tu opinión solo si te la piden
8. No dejes jamás estudiar para más tarde
9. Disfruta todo lo que puedas de una relación, porque esta jamás será eterna
10. No te arrepientas de nada, solo recuerda los buenos momentos
Estos son sencillos tips para mejorar nuestros días, siempre hay que recordar que “si la vida te da la espalda, agárrale las nalgas”



EL MISTERIO DE LA CALLE 13

Lo primero que hizo Luís luego de que su celular se descargara en mitad de una charla con su novia fue observar su reloj sin despegar el pie del acelerador mientras la memoria le ayudaba a recordar dónde había dejado el CD favorito, el cual lo acompañaba en cada viaje largo. Buscó en la guantera, debajo de su asiento, se impacientó y luego, resignado, sometió a sus oídos a la primera radio que sintonizó. Meneó la cabeza, bostezó, en fin, hizo muchas cosas excepto mantenerse despierto los segundos en los cuales el carro se apartó de la ruta y fue a estrellarse contra un viejo árbol al lado del camino.

Logró pisar el freno antes del impacto; eso evitó que Luís quedara hecho pedazos, pero no logró evitar que el auto se destrozara. Todo pasó muy rápido. Luìs, sorprendido, solo se tocó el cuerpo para probar que todo estaba en su lugar. En ese momento sonrió con sus pálidos labios; su corazón no paraba de latir.

Jamas se lamentó tanto por no tener cargado el celular; salió del auto y se sentó cerca de un árbol; no sabia que el golpe era grave. Miró a su alrededor, el silencio del bosque, mezclado con la nada y la luna llena, provocaron el miedo. Pasó horas mirando la ruta, ni la lluvia fue capaz de levantarlo de su terrorífico lugar.

En la temible madrugada observaba su alrededor como queriendo encontrar algo que no sabía bien si existía; se puso, en pie y caminó con pasos largos entre los árboles guiado por una pequeña luz que crecía a medida que el iba avanzando. Llegó hasta una casa de fachada pobre. Sobre el marco de una ventana colgaba una lámpara rodeada por insectos. La puerta estaba entreabierta y caminó hacia ella sin advertir el peligro que podía representar para él, pues era un extraño acercándose a la casa en medio de la madrugada. Se detuvo de un susto al observar un sujeto parado dentro de la casa con un cigarro encendido entre los labios. El tipo, de aspecto diabólico, se acercó a la entrada, despacio, sin salir de su refugio para luego voltear y echar una mirada a sus espaldas. Tranquilamente se apartó de la vista de Luís, sin notar la presencia del desesperado joven, dejando la puerta entreabierta y el humo de su cigarro perdido en el aire.

-¡Hola, hola! –gritaba el joven accidentado. Antes de intentar darle un golpe suave a la puerta, esta se abrió del todo y un hombre le apuntó en medio de los ojos con una ballesta.Nadie le preguntó absolutamente nada, pero Luís empezó a largar palabras, las cuales repitió más de tres veces como la frase “accidente en la carretera, necesito un teléfono”.-¡Un accidente… carretera!
–dijo el hombre con una sonrisa siniestra en los labios, el hombre bajó el arma y pregunto: ¿qué carretera?

Luís no sabía siquiera dónde estaba porque era la primera vez que visitaba el pueblo y solo se guiaba por mapas e indicaciones que le habían dado algunos amigos.

-No…no sé. La ruta… la ruta. Viajaba directo al pueblo de Transilvana cuando choqué. Estoy a uno o dos días para llegar. El hombre dijo sí con la cabeza.

–La ruta trece amigo …es la ruta trece. No era el mismo sujeto que Luís había contemplado con el cigarrillo en boca. Este era un poco mas bajo y más viejo, o por lo menos a simple vista daba esa impresión.

-Mire –exclamó el hombre -teléfono no tengo. Lo mejor que puede hacer es volver a la ruta y esperar a que empiece a cantar el gallo, seguro alguien va a pasar por ahí. Mientras, cuide lo que tenga de valor en el coche, mire que por acá…

-Esta vez Luís asintió con la cabeza y el sujeto bonachón se ofreció a acompañarlo, la ballesta no se fue con ellos pero sí los acompaño la oscuridad. En el camino, aquel hombre tranquilizó al joven buscando el lado positivo de lo sucedido. Los ojos de Luís echaban miradas entre los árboles buscando alguna amenaza y no tardaron en toparse con algo parecido; alguien siguiendo sus pasos, escondiéndose entre los árboles para no ser visto, aunque no lo había conseguido.

-¿Hay alguien más con usted? –preguntó el muchacho dirigiéndose al hombre.

-Vivo con mi hermana –repuso sin despegar la vista del camino.

-Creo que la vi antes de toparme con usted -dijo Luís.

-A mi hermana le fascinan dos cosas, una es andar por ahí dando vueltas en la noche y la otras es recoger las almas. Yo la dejo; antes me molestaba porque robaba las almas que yo me iba a llevar; ahora hemos llegado a luchar por cada uno de los espíritus para ver quién es el que gana; es ella o yo.

La ruta apareció desolada tal y como Luís la había dejado, al igual que el auto destrozado por el impacto El cielo aún estaba muy oscuro y la luna había desaparecido por la lluvia que caía sobre ellos. Al joven le temblaban las piernas mientras que el hombre en su andar relajado inspeccionaba el coche. El joven advirtió nuevamente la presencia de la extraña entre los árboles.

El hombre seguía pegado al auto, sin decir palabra alguna. Luís decidió romper con el silencio.-Me parece que su hermana quiere acompañarnos, dijo.

-El hombre lo miró y luego regresó la vista al vehículo.

-Eso quisiera ella –dijo con un tono de voz sereno.

-No, es en serio –continuó el joven –Anda acá cerca, entre los árboles.
Nuevamente el tipo lo miró, pero esta vez no le sacó los ojos de encima.

-Si ella está acá, usted puede despedirse de la vida amigo.

Luís no comprendió. -¿Qué quiere decir?- Hay dos cosas que le gustan a mi hermana- dijo el hombre- merodear por el bosque y matar. El joven no pudo formar palabra alguna, solo se limitó a temblar y agrandar sus ojos mientras aquel hombre continuaba hablando.
–Sí, amigo, ella vendió su alma al señor de las tinieblas y bue… así son las cosas.

-Todo se oscureció, el hombre aumentó en tamaño y dejó salir sus magníficas alas. Aquel buen hombre avejentado había sido asesinado por su hermana, convirtiéndolo en el ángel de las carreteras. Si Luís hubiese logrado salir con vida de todo eso, nunca hubiese podido borrar de su mente la expresión de odio de aquellos hermanos que pelearon por llevarse su alma. Luís quiso correr, pero el bosque no lo dejó, se convertiría en una alma que vagaría por la eternidad, desde aquel trágico accidente en la carretera 13.